Aung San Suu Ky

Yangon, Birmania, 19 de septiembre.- La dirigente de facto de Birmania, Aung San Suu Kyi, dijo este martes que su país está listo para verificar el estatus de los 410.000 refugiados rohinyás que han huido a Bangladés, para ayudar al retorno de quienes tengan el derecho a reasentarse, en respuesta a las acusaciones de la ONU de “limpieza étnica”.

“Estamos preparados a iniciar el proceso de verificación en cualquier momento”, dijo Suu Kyi, en referencia a quienes han huido hacia Bangladés en un éxodo sin precedentes.

Por su parte, los investigadores de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Birmania reiteraron este martes la demanda de tener “un acceso completo y sin trabas” al país.

“Es importante para nosotros ver con nuestros propios ojos los lugares donde se produjeron esas presuntas violaciones y hablar con las personas afectadas y las autoridades”, declaró el presidente de la misión, Marzuki Darusman, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, reunido en Ginebra (Suiza).

Suu Kyi decidió romper su silencio, pero no desde la tribuna de Naciones Unidas en Nueva York, adonde anunció que no viajaría, sino desde Naypidaw, la capital administrativa de Birmania.

Un gesto simbólico, en un momento en que el nacionalismo birmano suscita numerosas críticas internacionales por la situación de los refugiados que huyeron a Bangladés tras abandonar el estado de Rakáin, donde el Ejército lleva a cabo una amplia campaña de represalias después de varios ataques de un rebelde de esta comunidad, a finales de agosto.

“Estamos preocupados tras haber escuchado sobre la cantidad de musulmanes que huyeron a Bangladés”, dijo en un discurso televisado, en el que condenó “las violaciones a los derechos humanos y la violencia ilegal” que puedan haber exacerbado la crisis. Suu Kyi también recalcó que el país no debe ser dividido por “creencias religiosas”.

Antes del inicio del esperado discurso, cientos de birmanos comenzaron a congregarse delante de una pantalla gigante instalada delante de unas de las pagodas budistas más veneradas de Rangún.

El discurso generaba mucha expectación, ya que, en sus palabras, la Nobel de la Paz iba a expresar si mantenía o no su apoyo al Ejército, acusado de perpetrar todo tipo de atrocidades en su operación.

“Este compromiso con el retorno de los refugiados según los términos del acuerdo de 1992 es algo nuevo e importante”, dijo Richard Horsey, analista independiente asentado en Birmania.

Suu Kyi está bajo fuertes presiones, después de que el ministro de Exteriores del Reino Unido advirtió desde la ONU que la violencia en el estado de Rakáin era “una mancha en la reputación del país”, tras su transición a un gobierno democrático.
“Por eso, Birmania no debe sorprenderse de encontrarse bajo escrutinio internacional y en la agenda del Consejo de Seguridad”, dijo Johnson.

“Nadie quiere ver un retorno al gobierno militar, por lo que es vital que Aung San Suu Kyi y el gobierno civil dejen claro que estos abusos deben detenerse”, agregó en un comunicado.

La semana pasada la ONU había denunciado que el trato que Birmania da a la minoría musulmana rohinyá se asemeja a un “ejemplo de limpieza étnica de manual”.

– Sin miedo al ‘escrutinio internacional’ –
En su discurso Suu Kyi respondió y dijo que Birmania no teme “al escrutinio internacional”. Desde el inicio de la crisis, la población ha apoyado masivamente al Gobierno, pero también al Ejército y las críticas a la comunidad internacional coparon las redes sociales.

El rechazo a los rohinyás, considerados como extranjeros ilegales en este país con más del 90% de su población budista, es muy común entre los birmanos.

Desde que les fue retirada la nacionalidad birmana en 1982, se impuso a los rohinyás muchas limitaciones: no pueden viajar ni casarse sin autorización, no tienen acceso al mercado laboral ni a los servicios públicos (escuelas, hospitales).
Suu Kyi, hija del padre de la independencia del país y un icono en Birmania, había denunciado a principios de mes que había un “iceberg de desinformación” que daba una visión equivocada de la crisis.