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Francisco Noel Henríquez Ureña, hijo primogénito de Salomé Ureña de Henríquez

Francisco Noel Henríquez Ureña, hijo primogénito de Salomé Ureña de Henríquez

Miguel Collado
De Literatura Dominicana

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De los cuatro hijos procreados por esa ilustre pareja formada por Salomé Ureña de Henríquez y Francisco Henríquez y Carvajal, tres son muy conocidos y respetados en el mundo de las letras hispanoamericanas: Pedro (1884-1946), Max (1885-1968) y Camila Henríquez Ureña (1894-1973). En cambio, no ha sucedido así con el primogénito: Francisco Noel Henríquez Ureña (1882-1961). Le llamaban Fran, aunque él firmaba sus cartas así: “Frank”.
Francisco no fue, como sus tres hermanos, un cultivador de las letras, pero tenía el talento para haberlo sido. Incluso, siendo muy joven escribió algunos artículos literarios en revistas y periódicos de finales del siglo XIX: la Revista Ilustrada (1898-1899) y el periódico El Ibis (1900), por ejemplo. En sus Memorias Pedro Henríquez Ureña nos informa que Francisco fundó una revista literaria que circulaba en la ciudad de Santo Domingo. Desconocemos el nombre de la misma, pero en ella publicó Pedro, en ese mismo año, “algunos trabajos en prosa”. Dice el insigne humanista: “No fue el año 1900 para mí un año de producción literaria; hice algunas traducciones en verso y algunos trabajos en prosa, que publiqué en una pequeña revista que acababa de fundar mi hermano Fran...”.1
Pedro también afirma que su hermano Frank, “con aficiones literarias mucho menores que las nuestras, fue el primero en lanzarse a una empresa ya pública”2. Se refiere, lógicamente, a las aficiones literarias de su hermano Max y de su hermana Camila.
En torno a la vocación literaria de su hermano mayor el célebre autor de Breve historia del modernismo en América opina así:
“[El] hijo mayor de Salomé […] empezó por escribir a los diez y ocho años, páginas de elegante factura (“Redención” e “Irredenta”), publicadas en la Revista Ilustrada, que dirigió Miguel Ángel Garrido en 1899. Después abandonó para siempre la literatura, pues consagrado a la abogacía, solo produjo en materia de seguros algunos trabajos de índole jurídica, como el folleto Los robos en los ferrocarriles, que vio primero la luz en Cuba Contemporánea”.

Firmado con el seudónimo de “Metaico”, Fran publica su texto “Redención” en las páginas 11 y 12 del número 16 de la Revista Ilustrada, de fecha 15 de marzo de 1899:

REDENCIÓN

“A ella

Aquella tarde se moría el ideal ahogado por el beso satánico, y tú con tu mirada hablaste á la esperanza; y el corazón que agonizaba despertó con ímpetus bravíos de irredimido luchador. Tu sonrisa fue un rayo de aurora que hizo soñar
el alma con los esplendores luminosos de una mañana de primavera, se ajitó el recuerdo y al sentirme acariciado por la diáfana luz de tus pupilas soñé con lo desconocido.
Después, cuando al volver á verte cobró nueva vida la idea y surgió la palabra con acentos hasta entonces ignorados, ¿qué importaba que hablaras de imposibles al corazón que habías vencido, si al vibrar con desprecio tu sonora palabra tenía más ritmo, había más luz en tus ojos y vagaba en tu sonrisa algo sublime que precipitaba al espíritu inconsciente en pos de ti? En vano me mostrabas los tentadores labios de las otras diciéndome que esos labios podrían posarse sobre los míos pálidos, porque eran los besos de tu carmínea boca los que yo ansiaba para mi frente; en vano me decías que nuestros dos corazones jamás podrían latir juntos, porque la esperanza me hablaba de corazones que tienen un solo palpitar; y en vano me decías que el alma sumergida en lo oscuro no vería jamás la luz, porque desde aquella tarde en que hablaste á la esperanza estaba rota la tiniebla y en sus jirones flotaba un perfume extraño como el de rosas vírgenes que solo abren su corola al primer beso de la luz…..
Y al entreabrirse tu encantadora boca para pronunciar la palabra sublime que anuncia las eternas redenciones, ¿por qué sintió el corazón el supremo desmayo del triunfo y se iluminó la sombra con celestes claridades? Era que el ideal dormido durante años renacía sintiendo en sí mismo el poderoso ritmo de la vida, y el asombrado recuerdo me hacía ver en ti á la virgen trémula y vaporosa que flotaba en mis sueños infantiles y que buscando sonrisas solo halló las tuyas y que para hablarme de su amor solo halló tu armoniosa palabra.
Acuérdate. Piensa, al morirse la tarde en brazos del crepúsculo, cuando los áureos rayos del moribundo sol besan tus flotantes cabellos, que desde la tarde aquella en que con tu luminosa mirada mataste el beso satánico, hay en el alma un perfume extraño como el de rosas vírgenes que solo abren su corola al primer beso de la luz”.

El texto “Irredenta” aparece, firmado con su nombre de pila, en la página 13 del número 19, de fecha 15 de junio de 1899, de la citada revista cultural, que era una publicación de ciencias, artes y letras; editada en la ciudad de
Santo Domingo, la Revista Ilustrada circulaba mensualmente. A continuación el escrito de Fran:

IRREDENTA

“Sí, te lo he dicho mil veces y mil veces ha vibrado en tus labios la frase del desprecio; sabes que te amo, que sufre el corazón con tus desdenes y sigues indolente y tiene tu sonrisa la suprema ironía del desengaño y hay enojo en la luz de tus pupilas. De noche, cuando tú duermes tranquila, soñando tal vez con placer inefable en la venganza que has de tomar del corazón que te pide una palabra que disipe su tristeza insondable; entonces, sí, me parece verte sonreír con esa sonrisa amarga que guardas para mí, y en lo oscuro del sueño escucho las formidables batallas del pensamiento con tu desdeñosa palabra, y cuando queda la idea victoriosa basta el primer toque de luz en la pupila fatigada por el insomnio para despertar en el cerebro la abrumadora convicción de la realidad vencedora.
Y así, mientras sueñas con lo imposible, mientras piensas en destruir mis ilusiones, se yergue el recuerdo altivo que despierta á la esperanza y late en el infatigable pensamiento la vigorosa idea y voy siempre en tu busca; pero rehúyes la lucha porque hay algo que te dice que no puedes resistirme, porque no puedes escuchar sin estremecerte mi palabra de fuego. Y en medio de mi dolor tengo momentos de indefinible felicidad porque llego á soñar que al escuchar mi frase ardorosa se transforma tu mirada indiferente en otra llena de luz y de dulzura infinita hasta que surge la realidad que interrumpe el delirio y acrecienta mis anhelos inmortales de una vida de amor.
Y mientras llega el día en que mi palabra victoriosa ha de hacer de tu irónica sonrisa una sonrisa plácida y amorosa, tú sueñas con placer inefable en la venganza que has de tomar del corazón que te ama y yo pienso en arrancar de tus labios rojos una nota que devuelva la vida al ensueño que muere”.

Pero en el año de 1900, específicamente el 16 de febrero, en la ciudad de Santo Domingo, cuando todavía no había cumplido los 18 años, tiene lugar un trágico incidente que ensombrece la vida de Francisco Noel y acelera ―a nuestro entender, por asuntos de prevención y seguridad― los planes de su padre de enviarlo fuera del país para continuar sus estudios. El tercer hijo de la insigne poetisa Salomé, Max Henríquez
Ureña, describe el hecho así:

“A las diez de la noche ocurre un grave incidente personal entre su hijo mayor, Francisco Noel, y otro joven de apellido Burgos, con quien sostiene en la calle agria disputa de palabras, hasta que los dos exaltados contendientes hacen uso de sus revólveres, con este resultado final: Francisco Noel, perforado su sombrero de un balazo, y su contrincante gravemente herido en el tórax. El joven Burgos falleció tres horas después. Francisco Noel, al ser detenido, declaró categóricamente: El me tiró primero, y agregó: un médico para él, y la policía para mí.
Lleno de sombras el espíritu, cuando Henríquez y Carvajal llegó del despacho policial no pudo mantener la energía de su carácter y abrazó sollozando a su hijo.
Francisco Noel estuvo detenido varios meses, y en definitiva fue declarado libre de causa y proceso, pues quedó amparado por la eximente de legítima defensa, sostenida por sus dos abogados, Américo Lugo y Emilio Prudhomme”.(1)

Al año siguiente de ese lamentable suceso, Francisco, llevado por su padre, viaja a los Estados Unidos de América, específicamente a la ciudad de New York con el propósito de, con su hermano Pedro, iniciar los estudios del idioma inglés, lo cual Francisco Henríquez y Carvajal, preocupado por la formación de sus hijos, consideraba algo de suma importancia. Luego, Max se les uniría.
Es importante hacer mención, en este punto, de la carta que en fecha 19 de febrero de 1900 ―tres días después de lo sucedido― le envía Francisco Henríquez y Carvajal a Fran mientras éste se encontraba en la cárcel:

“Mi querido hijo:

Emplea todo tu tiempo en tus estudios. No conviene que hables con nadie sobre el triste acontecimiento. Evade toda conversación que sobre ello se te ponga por los que van a visitarte.
Aplica todo tu tiempo al estudio pues quisiera ver si te examinas enseguida y te vas para los EE.UU.
Te bendice tu papá”.(5)

Efectivamente, el día 17 de enero de 1901 Francisco Henríquez y Carvajal se embarca en el vapor Julia, en misión oficial, pero “Con el propósito de continuar estudiando en Nueva York, van con él sus hijos Francisco Noel y Pedro”.(6) Estudiarían inglés en Columbia University, en Manhattan. Fran, en carta fechada en La Habana el 25 de febrero de 1946, apelando a su memoria de 64 años de edad le narra la travesía a su hermano Max:

“En 1901, en viaje de Santo Domingo a New York,
vía Puerto Rico, llegamos a Ponce el 18 de enero, a bordo del vapor Julia, que iba al mando de su Capitán José María Cabeza de Vaca, que lucía en aquel tiempo sus grandes barbas, famosas en las Antillas. Al siguiente día 19, de madrugada, salimos en coches para San Juan, adonde llegamos el mismo día a eso de las 9 de la noche. A pesar de que la carretera estaba en buen estado, de que los caballos eran buenos y hubo relevos en varios lugares del trayecto, se requirieron unas 18 horas para el viaje. Con papá íbamos Pedro y yo; y Andrés Julio Aybar; y en el mismo viaje iba nuestro primo Enrique Henríquez con su hijo Enrique Apolinar. Salimos de San Juan de Puerto Rico para New York en el vapor San Juan, de la New York and Porto Rico Line, buque de sólida construcción de acero aunque de pequeño porte, de unas 3 ó 4 mil toneladas si mal no recuerdo. Nuestra salida fue el 24 de enero, y de algo valió la sólida construcción del buque, porque apenas dos días después de la salida nos sorprendió uno de los peores huracanes del Atlántico del Norte, que estuvo a punto de hacer desaparecer el barco con todos los que íbamos a bordo. No había entonces a bordo de los buques telegrafía sin hilos, y las posibilidades de un salvamento en medio de aquel gigantesco oleaje eran nulas. Hubo dos días en que el buque, con arreglo a las indicaciones de los aparatos de medir la marcha, sólo pudo anotarse un recorrido de 90 millas el primer día y 120 millas el segundo, en las 24 horas.
El viaje del San Juan, de Puerto Rico a New York, en circunstancias normales, debió haber durado solamente 6 días, pero esa vez se requirieron casi 10 días, pues no entramos en New York sino el 2 de febrero de 1901, en horas de la mañana”.

En enero de 1904 el ilustre padre visitaría a sus dos hijos en la gran urbe y con ellos dos regresa a Cuba en el mes de abril de ese año y los coloca, en La Habana, “como empleados de la casa comercial de Silveira y Compañía”.(7)
Casi toda la vida de Fran transcurriría en Cuba, donde casó con María del Valle y de Armas, con quien no procreó hijos, por lo que no dejó descendencia.
En la mayor de las tres Antillas “se dedicó al ramo de los seguros, en el cual llegó a ser un especialista tan competente que no había compañía que no solicitara sus servicios”.(8)Regresó a su país en 1932 ó 1933 ―según nos informara su sobrina Ena Rosa Henríquez Portuondo― contratado por el Gobierno Dominicano como técnico en materia de seguros para participar en la organización de la compañía de seguros San Rafael, C. x A., fundada en 1932.
Volvería a Cuba poco tiempo después para no regresar a su suelo patrio nunca más, pero siempre se mantuvo pendiente del acontecer político en República Dominicana. Esto le informa a su hermano Max en carta fechada el 31 de mayo de 1942 en La Habana:

“…la Revista Seguros, de nuestro amigo el Dr. Virgilio Ortega, que acaba de regresar de Ciudad Trujillo, ha publicado una información de texto y fotografías relacionadas con la legislación de seguros promulgada en la República Dominicana bajo la Presidencia del Generalísimo y con la organización y desarrollo de la Compañía San Rafael, así como de la Superintendencia de Seguros”.

Francisco Noel Henríquez Ureña, quien había nacido el 3 de diciembre de 1882 ―en la casa número 13 de la calle de San José, hoy 19 de Marzo No. 56―, murió en Cuba el miércoles 9 de agosto de 1961. Su inteligencia y su espíritu pragmático fueron cualidades que le permitieron destacarse como profesional del Derecho en la patria de José Martí, donde “era un jurista distinguido, especialista en la legislación de seguros; su libro La historia del seguro en Cuba es una obra fundamental en la materia”.(9)
Tal parece que no tan sólo a su hijo Pedro le profetizó Salomé grandeza, sino también a su hijo primogénito. He aquí un fragmento de su poema “En el nacimiento de mi primogénito”, escrito en 1882 a propósito del nacimiento de Fran:

“Y así, como entre flores, ajeno a la maldad, al vicio ajeno,
Verle a lo grande tributar honores
Y el alto aprecio merecer del bueno.

Y así a la Patria, al mundo,
como prenda de paz y de amor santo,
en acciones magnánimas fecundo
Un miembro digno regalar en tanto.

¡Doblemos el aliento!
Vamos al porvenir, la fe en el alma,
para él a conquistar con ardimiento
de ciencia, de virtud, de bien la palma”.(11)

(Fragmento)

En síntesis, Fran era un intelectual del Derecho, un profesional de altos vuelos que supo exhibir con dignidad y decoro, fuera de su patria natal,
el talento heredado de sus venerables padres, aunque en un ámbito temático extra-literario.

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