Estudios recientes hechos por neurobiólogos han mostrado que el ser humano tiene conciencia de muchas cosas desde antes de nacer, o sea, desde que esta en el vientre de su madre. El feto, después de unas cuantas semanas de gestación, se lleva conscientemente el dedo a la boca, oye, huele y cambia de posición. Esto es lo que hace físicamente.

Yo ato este cabo a mi concepto humanista de la felicidad interna como un estado mental sujeto al manejo de su dueño. Así lo expongo en mi libro titulado “Dueños”. En coherencia con este concepto, me parece que el ser humano esta en estado de felicidad interna desde antes de nacer y tiene el poder de permanecer en ese estado de por vida, si lo quiere y se hace dueño de ese estado mental. Me explico:

El estado de felicidad interna es como el estado de las aguas de un lago sin perturbación. Este lago tiene serenidad, paz, tranquilidad, conformidad, tolerancia, bienestar. Ese estado se altera cuando llega una tormenta y lo perturba, pero con solamente esperar, el lago vuelve a su serenidad habitual indefectiblemente.

El lago explica claramente el concepto de felicidad interna y a la vez explica como recuperarla cuando alguna tormenta la perturba. El lago la recupera esperando, o sea, tomando control, o sea, usando su capacidad de dueño de su existencia. El mismo proceso se aplica a la felicidad humana si se quiere conservar el estado de felicidad interna con que venimos a la existencia desde antes de nacer. El proceso empieza por querer. Quien quiere sentirse feliz como las aguas de un lago, sentirse feliz como estuvo en el vientre de su madre, tiene que comportarse como dueño de su existencia manejando las perturbaciones que se le presenten, no huyendo de ellas, no refugiándose en alcohol, tabaco y drogas como millones de humanos están haciendo hoy día. Querer es el primer paso; comportarse como dueño es el segundo.

Comportarse como dueño quiere decir también manejar las circunstancias externas en todo momento impidiendo que ellas condicionen el estado de felicidad interna. Las circunstancias externas pueden ser las que sean, pero no puede uno permitir que ellas perturben el interior. Un ejemplo de ese dominio se encuentra en la historia del cristianismo. Dice ella que cuando los romanos perseguían a los cristianos para crucificarlos, los cristianos cantaban mientras morían en la cruz. Eran perfectos dueños de su felicidad interna.

Quiero advertir que comportase así como dueño requiere entrenamiento de la mente. No es algo gratuito, pero es muy factible para todo el que quiera hacerlo.

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Dr. Cesar R. Cabral Delgado, Ph.D.

EducadorL

“La vida es buena, solo hay que saber manejar la mente”.

Autor de los libros “!Dueños!” , una guía para la Felicidad Interna y

la novela “Y durmió con su enemiga” sobre Violencia Domestica.

 Ambos están disponibles en Amazon.com y Kindle.com