Pedro Henríquez Ureña en 1941

«Dadme la verdad y os doy el mundo». Eugenio María de Hostos

El pensamiento humanístico del apóstol antillano Eugenio María de Hostos dejó huellas profundas en la obra espiritual de los Henríquez Ureña. Es por lo que no ha de extrañarnos ese influjo en la obra de pensamiento del más ilustre de esa honorable familia: Pedro Henríquez Ureña.

Fue su hermano Max Henríquez Ureña —antes que el puertorriqueño José Ferrer Canales(1) y antes que el dominicano Odalís G. Pérez(2)— quien primero identificó esa influencia espiritual-intelectual del Gran Maestro en Pedro Henríquez Ureña. Él dice, en su artículo «Maestro y discípulo»(3): «[Son] dos altas figuras de la intelectualidad antillana que vale la pena destacar, fueron en vida maestro y discípulo: Eugenio María de Hostos y Pedro Henríquez Ureña».

Max nos explica sabiamente esa relación de maestro-discípulo de Hostos y Pedro del siguiente modo:

«El magisterio ejercido por Hostos en algunos países de nuestra habla y, ante todo, en Santo Domingo, ha tenido y tiene tan intensas proyecciones sobre la América toda, que sus discípulos no fueron siempre, necesariamente, los que oyeron sus lecciones desde un banco de la escuela; muchos de los ardientes defensores de sus doctrinas pedagógicas» —continua diciendo Max— «fueron, más que otra cosa, seguidores de su ejemplo o lectores apasionados de sus lecciones escritas y recogidas en volumen».

Y he aquí lo interesante, y que le da fundamentación a lo planteado por nosotros en torno a la influencia del prócer puertorriqueño sobre el célebre autor de «Seis ensayos en busca de nuestra expresión»(4). El tercer hijo de Salomé afirma:

«Así uno de los propagadores de su obra —de la obra de Hostos—, Pedro Henríquez Ureña, aunque formado desde temprano en las ideas de Hostos a través sus lecturas y de las informaciones y comentarios de sus progenitores […] apenas si asistió en 1900 a algunas lecciones dictadas por el Maestro».

Y Max arriba a la siguiente conclusión:

«Contados son, sin embargo, aquellos que han dado a conocer, como él —es decir, como Pedro—, las enseñanzas del insigne pensador, a quien no oyó dictar más de quince o veinte lecciones de Sociología».
En su ensayo sobre Hostos titulado «Ciudadano de América»(5), Pedro Henríquez Ureña expresa su profunda admiración hacia el padre de la educación dominicana así:
«…el ansia de justicia y libertad lo enciende para la misión apostólica. […] Pero su ansia de justicia y libertad —ansia humana, física…— se convierte en pensamiento cuyo norte es el bien de los hombres…Vive […] entregado a su meditación filosófica y a su acción humanitaria, embriagado de razón y de moral. Su carácter se define: estoico, según la tradición de la estirpe; severo, puro y ardiente, sin mancha y sin desmayos».

Y al referirse al retorno de Hostos a Santo Domingo en 1900 Pedro confiesa, como corroborando a su hermano Max: «…lo conocí entonces: tenía un aire hondamente triste, definitivamente triste. Trabajaba sin descanso, según su costumbre».
En el «Ideario de Pedro Henríquez Ureña»(6) podemos observar las huellas del apóstol antillano, especialmente cuando el hijo preferido de Salomé Ureña de Henríquez exalta valores tan emblemáticos en la obra hostosiana como la moral, la justicia, la bondad, el trabajo y el honor:

«La bondad vale más que la verdad, aunque, en el cielo de las ideas puras, manen de la misma fuente».

«El ideal de justicia está antes que el ideal de cultura: es superior el hombre apasionado de justicia al que sólo aspira a su propia perfección intelectual».

«El honor debe ser cuidadosa preocupación de hombre o de mujer: y debe oponerse, como principio superior, a toda categoría social, aunque sea la realeza».

«[…] no es ilusión la utopía, sino el creer que los ideales se realizan sobre la tierra sin esfuerzo y sin sacrificio. Hay que trabajar».

Son de honda preocupación tanto para el dominicano como para el puertorriqueño dominicanizado temas de indudable trascendencia universal: la cultura, la educación, la civilización y el porvenir. Los dos últimos ―la civilización y el porvenir―, atraviesan toda la obra poética y el pensamiento pedagógico de Salomé Ureña de Henríquez, madre y formadora de Pedro:
«Sigo impenitente en la arcaica creencia de que la cultura salva a los pueblos. Y la cultura no existe, o no es genuina, cuando se orienta mal, cuando se vuelve instrumento de tendencias inferiores, de ambición comercial o política, pero tampoco existe, y ni siquiera puede simularse, cuando le falta la maquinaria de la instrucción.
«La educación no es sólo obra de la voluntad en calculado ejercicio frente al medio exterior, sino que en ella intervienen elementos psicológicos imprevisibles. Uno sobre todo: el amor».

«El ideal de la civilización no es la unificación completa de todos los hombres y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía».

«El problema del porvenir inmediato es poner la riqueza al alcance de todos. La fórmula del porvenir, que es deber de la Sociología esclarecer, será la «socialización de la naturaleza por la humanidad».

Como Eugenio María de Hostos, Pedro Henríquez Ureña también fue un sembrador de saberes, pues en su itinerante vida, residiendo y enseñando en numerosos lugares del continente americano, sus ideas germinaron a través de su prolífica obra intelectual(7) y de los numerosos discípulos que, asimilando las enseñanzas del Maestro de América, difundieron la semilla. Aunque más que discípulos, él los consideraba sus amigos y no le agradaba que le llamaran «maestro» ni que le trataran de «usted».

Muchos de esos discípulos fueron, luego, intelectuales y académicos de ganado prestigio en sus patrias y/o en el ámbito universal, tanto en el campo humanístico como en el campo científico: Ernesto Sabato (1911-2011), novelista, ensayista, físico y pintor; Enrique Anderson Imbert (1910-2000), ensayista, crítico literario y académico; Emilio Carilla (1914-1995), filósofo y académico; Aníbal Sánchez Reulet (1910-1998), filósofo y académico; René Favaloro (1923-2000), educador, cardiólogo; Raimundo Lida (1908-1979), filólogo, filósofo, crítico literario y ensayista; y Daniel Cosío Villegas (1898-1976), economista, historiador, sociólogo, politólogo, ensayista y académico. Cosío Villegas fue el fundador, en 1934, del prestigioso grupo editorial Fondo de Cultura Económica con sede en México y Favaloro fue el creador del bypass coronario en el mundo y escribió un libro sobre su maestro: «Don Pedro y la educación» (1994).

Otros discípulos aventajados de Pedro Henríquez Ureña fueron: María Rosa Lida (1910-1962), filóloga, ensayista y académica; Damián Bayón (1915-1995), historiador, escritor, crítico de arte y educador; María Hortensia Lacau (1910-2006), educadora y escritora; Antonio Castro Leal (1896-1981), abogado y escritor; Salomón de la Selva (1896-1981), abogado y escritor; Bertram D. Wolfe (1896-1977), académico, escritor y político; Ángel Rosemblat (1902-1984), filólogo, ensayista e hispanista; y Camila Henríquez Ureña (1894-1973), ensayista, crítica literaria y académica. Castro Leal llegó a ser rector de la Universidad Nacional de México.

Cerramos esta breve reflexión citando a Ferrer Canales: «Henríquez Ureña y Hostos, humanos y humanistas, no vivieron en torres de marfil. Tuvieron pleno sentido de su responsabilidad ética, de su responsabilidad social, de su responsabilidad intelectual; pusieron su pluma, su voz viva, su inteligencia toda, su sensibilidad, su vida, al servicio de nuestra patria y de la Magna Patria».

NOTAS:

«Pedro Henríquez Ureña y Hostos», publicado en la «Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña», 4 (7): 69-75, enero-junio de 2003.

«Hostos en Pedro Henríquez Ureña», serie de tres artículos publicados en el periódico digital «acento.com.do» (Santo Domingo) los días 25 y 26 de agosto y 2 de septiembre de 2016).

Publicado en el periódico «Listín Diario» (Santo Domingo) del 7 de abril de 1967.

Pedro Henríquez Ureña. «Seis ensayos en busca de nuestra expresión». Buenos Aires, Argentina: Ediciones Babel, 1928. Primera edición dominicana: Santo Domingo, Rep. Dom.: Ediciones CEDIBIL, 2007. 192 p. (Colección “Pedro Henríquez Ureña”; Vol. I). Bajo el cuidado editorial del bibliógrafo dominicano Miguel Collado.

Publicado en el periódico «La Nación» (Buenos Aires) del 28 de abril de 1935.

Compilado y editado por Miguel Collado. 3ra. edición. Santo Domingo, Rep. Dom.: Editora Nacional del Ministerio de Cultura de Rep. Dom., 2016.

En vida, PHU publicó casi 50 títulos (libros y separatas): 23 en Argentina, 7 en España, 5 en los Estados Unidos de Norteamérica, 5 en México, 3 en Cuba, 2 en Francia y 1 en Costa Rica.

En su obra citada, p. 6.