Doctor Reynaldo Vargas

Eran los años 80 y tenía yo, aún, un pensamiento político, digamos que romántico; más, poco a poco, los acontecimientos fueron modificándolo no sin experimentar el dolor del desarraigo. Con el tiempo entendí que la apatía e indiferencia de un pueblo sin memoria proporciona a algunos individuos con pocos escrúpulos la mejor posibilidad de hacer nada más que daño.

Pero, si de algo no me cabe duda, es de que el Partido de la Liberación Dominicana -PLD- y su gobierno, más allá de exhibir una exquisita pericia en el manejo de la mentira y la demagogia, se ven decididos a hacer pedazos toda la herencia de Juan Pablo Duarte, apostando muy en serio a la decapitación de los 174 años de historia republicana. Se colige, entonces, que la estrategia de la política emprendida por el presidente Danilo Medina surge de la ausencia de dominicanidad en los miembros del comité político de su partido, volcado en su ya vieja deriva de mutación a un vulgar colectivo de tugurio turbio.

Diestros en jugar con sus propias reglas, los peledeístas -especialmente los del gobierno- no respetan nada, ni hay ley alguna que los frene; y, como buenos empecinados, no retroceden. Como por obra y gracia de los milagros, le llueven jugosas ganancias, al punto de que la revista Forbes coloca al presidente Medina, con solo seis años de ejercicio en el Palacio, como el político más rico entre los diez más ricos de este país, al que han endeudado hasta su absoluto encallamiento, empujándolo, cada vez más, hacia el abismo de una espantosa crisis financiera nacional.

Aun en medio de grandes escándalos de corrupción, en los que Odebrecht es solo uno de los relámpagos en la tormenta, y el autismo afásico del presidente, estos señores del PLD se atreven a seguir acariciando con procaz descaro la aventura peligrosa de entregar a la República Dominicana a la desintegración y lejos de que desaparezca la reiteración delictiva del gobierno en la fusión, aparecen nuevos soportes que la fortalecen. Ante semejante temeridad, lo menos que podría decirse de Danilo Medina es que es el presidente que más cerca ha llevado al país a la irrelevancia de lo inservible.

Por si fuera poco, este presidente calamitoso, que juró obedecer las leyes, que las ha desobedecido y que no tiene intención de obedecerlas, propulsor de una inmigración ilegal interminable que trae consigo no solo incompatibles extravagancias religiosas, sino -también- la barbarie, a fin y efecto de perpetuar la logística de acoso y derribo del Estado dominicano, se ancla en un fútil modo de gestión ante una crisis que él mismo provocó y que amenaza con pulverizarnos de una vez y por todas. Por tanto, no puede ignorar que se equivoca imperdonablemente con su accionar viciado en sus orígenes, al no tener vínculo alguno con la defensa de nuestra soberanía ni del interés nacional.

Pero, el riesgo de hacer política es, justamente, su precio, que algunos, atrapados en el culto a la personalidad, creen no pagarán. De ahí -deduzco- la inmoral tendencia a utilizar en la persuasión política, entre otros medios, las mismas sutiles mañas que con frecuencia se emplean en transacciones comerciales. Todo ello solo posible en una sociedad esclava de la dinámica del aborregamiento colectivo manejada por políticos intoxicados por la prisa en el dinero.

Asimismo, vergüenza y mucha indignación da reconocer que a un  gobierno carcomido por la corrupción y que no dudó en quebrantar la Constitución y las Leyes de su país por su compromiso con la inmersión haitiana, le sigamos permitiendo insistir en la perversidad de una conducta que vulnera el espíritu más sagrado de la República Dominicana. Por lo corrosivo de sus fechorías, el  “fenómeno” PLD ha resultado ser la más dañina expresión del desorden neoliberal jamás visto en nuestro suelo.

Cabe -entonces- con razón preguntarse si los peledeístas alguna vez tuvieron una ideología, porque no se cansan de defecar sobre sus principios y sobre los demás. Lo tienen todo ahora, no se discute; pero acabarán dueños de nada. Lo saben, pero, con la tozudez propia de los soberbios, no quieren aprender las lecciones que da la vida, y parece que ese dilatado “vahído” de 18 años en el Poder que los obnubila, los ha vuelto incapaces de calibrar sus propias canalladas y, quizás por ello, arrecian su predisposición a subestimar las fortalezas de la ciudadanía.

No sé cómo, pero, de alguna manera, tarde o temprano comprobarán que la fuerza de la gravedad es una chica veleidosa y traicionera. Y es cuando la hora del despioje llegará.

 

SOBRE EL AUTOR:

Doctor Reynaldo Vargas

*Doctor en Medicina. Cirujano Cardiotorácico y Vascular, Universidad Autónoma de Santo Domingo

Angiología y Cirugía Vascular Central y Periférica en el Instituto de Cirugía Cardiovascular, Bakulev; Moscú, Rusia.

Angiología y Cirugía Vascular Central y Periférica, Cirugía Cardiovascular y Torácica, Madrid.