Tammie Jo Shults

El estallido en la turbina de un avión comercial de la empresa Southwest desató el pasado 17 de abril, según se ha informado, una saga de caos, terror, emergencia, actos heroicos y, desafortunadamente, la pérdida de una vida. Todo en pleno vuelo y a 32.000 pies de altitud.

Afortunadamente, en los mandos de ese avión Boeing 737 se encontraba una persona con “nervios de acero” que, gracias a su pericia y determinación oportuna en momentos críticos, evitó que el incidente de ese avión, con 149 personas a bordo, se convirtiera en una tragedia aún mayor.

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Tammie Jo Shults, de 56 años, era la piloto de esa aeronave, que despegó de Nueva York con rumbo a Dallas el pasado martes y que a causa de la severa falla de uno de sus motores –cuyos fragmentos al parecer salieron disparados y rompieron una de las ventanas del avión, desatando una situación desastrosa a bordo– debió hacer un aterrizaje de emergencia en Filadelfia.

En esos momentos de extremo peligro, narra la televisora NBC, Shults mantuvo la compostura y la frialdad, y aunque sabía que en la cabina de pasajeros se sufría un momento de enorme crisis y pánico, con una persona siendo succionada hacia afuera del avión por la ventana rota, siete heridos y una persona fallecida, ella continuó con firmeza al mando del avión.

Mientras piloteaba el Boeing 737 con un solo motor e iniciaba el descenso de emergencia, mantuvo la calma y en sus comunicaciones a los pasajeros y a los controladores aéreos pudo informar con serenidad de lo sucedido y de lo que era necesario hacer. Grabaciones de conversaciones entre Shults y controladores aéreos, publicadas por The Globe and Mail, ilustran esa reacción controlada y juiciosa de la piloto en esos momentos críticos.

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La amplia experiencia de Shults fue, sin duda, un factor clave. Ella fue una de las primeras mujeres en pilotar aviones de combate en las fuerzas armadas de Estados Unidos y tiene además títulos universitarios en biología y negocios agropecuarios, graduada en 1983 de la universidad MidAmerica Nazarene, en Kansas. Una de sus compañeras de entonces, Cindy Foster, narró al Kansas City Star que cuando Shults decidió enlistarse enfrentó severas resistencias.

Primero fue rechazada en la Fuerza Aérea y luego optó por la Marina. No fue fácil, con todo, hacerse un lugar allí pero la perseverancia de Shults dio fruto, pues no solo fue una de las primeras mujeres en pilotar aviones de combate estadounidenses sino que fue la primera mujer al mando de un caza F/A-18 Hornet en la Marina.

Actualmente vive en San Antonio, Texas, y está casada con un piloto que también tripula aviones para Southwest.

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Fue justo la disciplina y la calma que Shults forjó durante su época en la universidad y en la Marina, cuentan otros testimonios de sus amistades, lo que resultó determinante en su capacidad para enfrentar exitosamente la crisis en su avión Boeing 737. Y cuentan que, además, ha sido una intensa promotora de que las mujeres incursionen en las áreas profesionales usualmente dominadas por los varones, con la convicción de que ellas pueden lograr éxito laboral igual o mejor que ellos.

Su firmeza al mando del avión de Southwest con una turbina destrozada, un pasajero fallecido a bordo y un centenar de personas en peligro lo probó sin duda. Un pasajero relató que tras el fallo del motor “el avión estuvo estable como una roca… Nunca tuve ningún miedo de que estuviera fuera de control”. Otra pasajera recordó como, cuando finalmente el avión aterrizó en Dallas, Shults recorrió la cabina de pasajeros y “personalmente revisó cómo estábamos… Todos estuvimos realmente en unas manos maravillosas”.

Con todo, aún son pocas las mujeres piloto: solo 6.2% de esas posiciones en aviones comerciales estadounidenses son ocupados por mujeres. Muchas más mujeres capaces como Shults son ciertamente deseables en ese sector y en todos los ámbitos laborales.

El reconocimiento, además de a la capitana de ese Boeing 737, se extendió a toda la tripulación. La líder de ese vuelo y su equipo fueron, según los testimonios de los pasajeros, considerados como verdaderos héroes.

Por ello, el avión estalló, esta vez en aplausos de sus pasajeros, cuando Shults finalmente lo hizo aterrizar en Dallas.