No ha pasado mucho tiempo en que la sociedad dominicana estuvo sacudida por los escándalos de pedofilia perpetrado nada más y nada menos que por el Nuncio (Embajador) del Vaticano en la República Dominicana el polaco Josef Wesolowski, quien en medio de su juicio falleció en Italia en el 2015. Pero también han seguido otros, como el polaco Wojciech Gil, que en su país enfrenta a la justicia, y así podríamos seguir mencionando otros religiosos, políticos, comunicadores y otros que han abusado de nuestros menores dominicanos.

El sonado caso de los jovenes de Manoguayabo del 2013 que asesinaron al comunicador Claudio Nasco fue muy triste en ambas direcciones. El más reciente caso es del joven monaguillo Fernelys Carrión Saviñon de 16 años, asesinado salvajemente supuestamente por el sacerdote de su parroquia Nuestra Señora de Fátima, de la Urbanización Máximo Gómez en la zona de Villa Mella, Santo Domingo.

El tema de las niñas y adolescentes abusadas, violadas, embarazadas, en prostitución y asesinadas en la República Dominicana es alarmante, y parece que no se ha podido coordinar un objetivo y verdadero esfuerzo para auxiliarlas efectivamente.

Ni mencionar el uso de nuestros jovenes para el tráfico de substancias ilícitas en nuestros barrios…Ni de los hechos que muchas veces no se denuncian por miedo, ignorancia u orientación sobre los derechos ciudadanos.

Todos estos hechos que recogen los medios locales periódicamente parece que no han sido suficientes para que los padres,las autoridades del gobierno, y la sociedad civil en general se den cuenta de que millones de nuestros niños y adolescentes dominicanos estan siendo las principales víctimas, no solo de la pobreza, sino que por ésta condición misma se han convertido en los ciudadanos más vulnerables y hacia los que los pedófilos están victimizando peor, pués utilizan ésta debilidad social como “intercambio de bienes y servicios” para abusar repetitivamente de nuestros niños.

Los padres, por diferentes circunstancias, han descuidado la vigilancia y el cuidado de sus hijos procurando una comunicación cerca y directa de sus problemas. En nuestra cultura de otrora, los padres siempre averiguaran de quién y de dónde habían obtenido regalos y dinero, por ejemplo. ‎¿Lo están haciendo los de ahora?

El gobierno, pese a tener el Ministerio de la Juventud y una variedad de departamentos sociales supuestamente dedicados a la dedicación, ayuda y orientación de la juventud parece que no han sido efectivos en la medida que lo necesitan nuestros jovenes. No se ha vísto una política agresiva ni una campaña educativa y preventiva ante el incremento de estos males que afectan a nuestros muchados. Pero también son las políticas públicas insuficientes para derrotar el estado de pobreza del país, como una de las fuentes del problema?

Pero también la sociedad en general debería preocuparse y velar por la protección de nuestros niños, vigilar y salvaguardar su integridad y seguridad, pués en ellos, la juventud dominicana hoy acosada por tantos peligros, es que descansa el futuro de la nación.

Es tiempo de no ser indiferentes ni dejarlo al tiempo. Con tantos peligros que acosan hoy a la Juventud dominicana: ‎¿Qué país aspiramos a tener?