Si observamos el transcurrir de las administraciones americanas, tanto conservadoras (republicanas) como liberales (demócratas) y su relación con los gobiernos dominicanos desde el inicio de la Guerra Fría, vemos un cuadro que se explica a sí mismo, en cuanto a la gravitación directa del uno sobre el otro:

Harry S. Truman (D) (1945-1953) heredó no sólo un liderazgo mundial sin precedentes por parte de su predecesor Franklin D.Roosevelt, sino que esbozó la misma doctrina que lleva su nombre, y con la que se inaugura la Guerra Fría. No había espacio ni intención para remover viejas alianzas. En la isla, apoyo irrestricto a Trujillo.

Dwight (Ike) Eisenhower (R) (1953-1961), conservador moderado, apoyó a Trujillo durante sus últimos años pero al mismo tiempo le fue armando la cama para una transición a la “democracia” que hoy conocemos.

John F. Kennedy (D) (1961-1963) por otro lado, le dió su apoyo relativo a un Bosch liberal, mas no pudo reponerlo en el poder, pues el primero murió asesinado a menos de dos meses después del derrocamiento de su homólogo dominicano, aparte del coqueteo izquierdista de Bosch que no era del agrado de Washington. Bosch, se entiende y es comprobable, tampoco estuvo muy interesado en volver al poder.

Lyndon B. Johnson (D) (1963-1969), aunque era liberal en cuanto a su política doméstica, al estar imbuído en Vietnam y condicionado por el ejemplo y la amenaza de una Cuba comunista, enforzó la Doctrina Truman en la isla y apoyó a Balaguer, el confiable conservador y conocido de Washington.

Richard Nixon y Gerald Ford (R) (1969-1977), conservadores de buena cepa ambos, también le manifestaron su apoyo a Balaguer para la consecución de sus 12 años al mando de la nave del Estado Dominicano; sin embargo, mantuvieron jerarquía directa sobre muchos altos mandos militares dominicanos desde la Embajada para el control y eliminación de la amenaza comunista local sobre la nación dominicana.

Por otro lado, Jimmy Carter (D) (1977-1981), quizás el más liberal (por lo menos ideológicamente) de todos los presidentes americanos del siglo XX, le dio su apoyo al liberal PRD y éste llega al poder en el 1978. Cabe recordar que Antonio Guzmán ya había sido considerado por Washington como opción para un gobierno de reconstrucción nacional en el 1966, pero la volatilidad de los tiempos y la cercanía del PRD con células pro-cubanas hacían de Balaguer una opción más segura y más cómoda para Washington en esos momentos.

Ronald Reagan (R) (1981-1989) por su parte, toleró a un PRD ideológicamente domesticado para un segundo término, mas aupó a un Balaguer conocido y admirado para su retorno en el 1986, en buena parte por la incapacidad del PRD de ser un árbitro eficiente de las disputas de una élite dominicana que todavía era bipolar (Trujillistas vs. Anti-Trujillistas), y reeligiendo a Balaguer para un sexto término presidencial en el 1990 durante la administración del conservador G.H.W. Bush (R) (1989-1993).

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La última maniobra electoral de Balaguer por un séptimo mandato constitucional de cuatro años fue en el 1994, bajo la administración de Bill Clinton (D) (1993-2001); travesura que nada más le duró 2 años, y que forzó las elecciones del 1996. Fue en esta contienda electoral en la cual los viejos caudillos, Balaguer y Bosch, se transmutaron juntos en la persona de un joven político que presentó el Frente Patriótico y que resultó el ganador frente al legendario José Francisco Peña Gómez, supuesto beneficiario de facto de las inclinaciones ideológicas de Washington en ese momento, si lo vemos dentro de un contexto de Guerra Fría que ya había terminado en el 1991.

Pero es que ya la época de las ideologías había sucumbido en el 1991 con la caída del Bloque Soviético. Era el momento, liderado por Clinton mismo, de implementar las políticas neo-liberales a todo lo ancho de la geografía que caía en ese momento bajo el aura hegemónica de los Estados Unidos dentro de la gran trama de la globalización, trama a la cual se abocó Leonel Fernández desde su primer gobierno (1996-2000), con la venta y remate de todas las empresas gubernamentales y la concesión abierta de los recursos nacionales por parte del Estado Dominicano.

Para estos efectos, ni Balaguer ni Peña Gómez eran ya candidatos idóneos (y por su parte, Bosch ya mostraba signos de senilidad en ese entonces); como faros políticos de la recién difunta era de las ideologías, ya su misión estaba cumplida, y para esta nueva etapa de matasón neo-liberal, nuestros viejos líderes resultaban ser inútiles anacronismos.

Y todo lo sucesivo a partir de ahí es la historia de un barco a la deriva en una vorágine de endeudamiento sin final, de un crecimiento basado en droga y préstamos, mientras los pasajeros en primera, segunda y tercera clase de un Estado clientelar celebran embriagados las perínclitas cualidades del capitán de turno, por mediocre que sea.

Mirando hacia atrás, al igual que Trujillo, Balaguer ya se había consolidado en el poder a tal extremo, al punto de ser respondón al poderío extranjero cuando abiertamente rechazó la injerencia y presión externas con respecto al problema haitiano en el 1994. Por lo menos en este punto y hoy para su crédito histórico, Balaguer nunca negoció ni aceptó imposiciones. A Balaguer había que desactivarlo, y así se hizo; sobre todo para fines de abrir el camino para finiquitar el problema haitiano, el cual es uno de los problemas recurrentes que enfrentó Clinton sin llegar nunca a resolverlo, y que hoy su solución se está llevando a cabo, no como raison d’etat de Washington identificable en sí misma, sino sigilosa y contínuamente través de un nublado de organizaciones no gubernamentales tanto nacionales como internacionales, con el claro e irreversible desmedro de la identidad dominicana.

Este problema se acabaría de finiquitar en un futuro cercano, ceteris paribus, bajo una administración de Hillary Rodham Clinton.

~ OSC, Septiembre del 2014.

Adendum del 20 de Abril del 2018:

Hoy por hoy ya no hay más ideologías, con excepción del post-modernismo deconstructivista que se esparce por debajo de la superficie en el mundo globalizado desde los años 70’s, y el cual, para sus fines, no necesita ni siquiera que la gente sepa lo que es ni que lo estudie; sólo que reaccione emocionalmente de la forma que se espera.

Esta es la ideología que le da apoyo a la avanzada globalista durante ese período entre 1989 y 2017 en los Estados Unidos (período al que le llamamos “The years of the Establishment”), y que propone la supuesta reivindicación de las minorías, la ideología de género y el discurso-mordaza de lo políticamente correcto, y con la cual la izquierda mundial, callada desde la caída del Imperio Soviético, se ha transmutado una vez más, todo con tal de cumplir su misión última: destruir el Estado-Nación tal y como lo conocemos, no desde afuera, sino desde adentro.

Su propagación ha sido tal que hasta la misma Iglesia Católica, la otrora defensora de los valores conservadores nacionales a la ancho del planeta, es ahora la más popular defensora de las “minorías”, de la tolerancia y de las hordas insostenibles de masas inmigrantes, en especial las de religiones opuestas al catolicismo tradicional: Islamismo, Voudou, así como cualquier otra religión diferente a la católica, y que se pueda categorizar como minoría religiosa sujeta a protección especial.

La Iglesia, con el Papa Francisco, se ha alineado con el post-modernismo mundial para seguir siendo beneficiada por la nueva élite, la élite globalista. Con respecto a la República Dominicana, para muestra basta el cambio de guardia de un ultra-conservador nacionalista como Nicolás De Jesús Cardenal López Rodríguez por un nuevo arzobispo de línea pro-haitiana, y quien le reporta directamente a un Nuncio africano y globalista.

De la misma forma, a nivel mundial, hay una incipiente resistencia nacionalista que nació con el Brexit en Junio del 2016 y que busca consolidarse con la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos; esta resistencia nacionalista procura beneficiarse de la vuelta hacia la derecha del péndulo de la Historia, junto a sus respectivos y/o potenciales ejecutores de turno. En estos momentos, esa resistencia nacionalista está bajo fuego cruzado de las mismas fuerzas globalistas que procuran salvaguardar el estado de cosas que se llevaron a cabo a raíz de la caída de la Unión Soviética, y que se puede resumir en (1) la desindustrialización progresiva y acelerada de los Estados Unidos, (2) la transferencia de este músculo industrial a una China que representa mayores beneficios económicos para esa élite global por su casi inagotable mano de obra esclava -perdón, barata, y (3) el endeudamiento meteórico de los Estados Unidos. Al respecto de este último punto, vale resaltar que, incluyendo las endeudantes guerras de Irak y Afganistán, a Estados Unidos le tomó toda una historia republicana de 232 años (1776-2008) llegar a una deuda de nueve trillones de dólares. La administración Obama la disparó a más del doble (20.5 TT de dólares) en tan sólo 8 años de gobierno.

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En cuanto a la República Dominicana, nación mediatizada por excelencia y poblada por Homos Videns programados para no reaccionar frente a la fusión globalista de la isla, las directrices son las mismas. Estas directrices conducentes a la fusión con el fallido estado de Haití le proveerán a la élite insular con una mano de obra esclava -perdón, barata- para poder competir ventajosamente en los mercados regionales. Con razón la ley del 80-20 no es más que otra payasada puesta en papel, ya que el ejecutivo mismo ha admitido que estimula su violación, en adición a su permisividad a la invasión masiva de ciudadanos de origen haitiano. Como garantía adicional de esta estrategia, se le ha suplido a la República Dominicana carta blanca temporal para endeudarse más allá de la prudencia, como fuente de abrevamiento monetario de la clase política más voraz jamás habida.

Para estos fines, y burlando la percepción clásica de que la oligarquía se refugia en el conservadurismo -cosa que ya no es- la oligarquía globalista, a la cual le reporta la oligarquía local, encuentra muchísimo más conveniente el darle a las democracias tercermundistas gobiernos “reivindicativos de izquierda”, “progresistas” y “globales” que exterminen lentamente no sólo a la clase media, sino todo lo que ella representa: valores nacionales, fronteras, identidad, ahorro interno, disciplina fiscal, y sobre todo, patriotismo.

Ya la izquierda “histórica”, por ejemplo, no habla de la lucha de clases ni del triunfo histórico del proletariado. Eso hace rato apesta a rancio, a panfletos amarillentos y fracasadas incursiones guerrilleras. Este es un pensamiento cuando menos descontinuado, que perdura solamente en las mentes de los que se quedaron anquilosados en décadas pasadas y hoy procuran untarse de glorias ajenas. Para los “progresistas” de ahora, su discurso es “humanista” por excelencia: Hablan de su apoyo a los gays, las lesbianas, los transexuales, las mujeres, las etnias “oprimidas” y “apátridas” (incluyendo los haitianos) y los refugiados musulmanes en Europa. Un discurso, si bien “glorioso”, es cuando menos extorsionante, pues la intransigente y pseudo-heroica acusación de racismo y xenofobia es el arma por excelencia que blanden estos agentes de la disolución nacional para abrirse paso y anclar su narrativa en las pequeñas mentes de los hombres.

Lo que no dicen, sin embargo, es que la homologación a la fuerza de la mayoría y su subyugación al dictamen de estas minorías dentro del marco de la globalización de las economías conduce a un solo fin: Una cúpula gubernativa con las mismas élites invisibles, con sus políticos de turno al mando, y todo un colectivo de hormigas humanas consumidoras, empobrecidas, mediatizadas y abaratadas sistemáticamente, sin identidad nacional, sin historia y sin identidad de género tampoco, que mantendrán a los primeros en control perpetuo de sus destinos. Resumiendo, el modelo chino, adaptado a las “democracias” del tercer mundo, las cuales no serían más que simples y nivelados mercados de consumo.

Globalismo y Anti-globalismo son las nuevas ideologías. No son dictadas por filósofo alguno, mas impuestas por los intereses prevalecientes y ciertamente conflictivos. Nuestras viejas ideologías de los tiempos de la Guerra Fría se fueron todas a dormir el sueño profundo hace poco más de 27 años.

Ahora queda por ver si el péndulo de la Historia, en República Dominicana, hará su efecto o no en el futuro cercano, ya que como actores sólo quedan los mismos intereses darwinianos claramente respondentes a las fuerzas globalistas, con un pantano preñado de ONG’s estériles y bocinas pagadas para adelantar su agenda fusionista, dentro de una población cada vez más alienada, más endeudada, más haitianizada… …y cada vez más indiferente.

~ OSC