Santo Domingo, 3 de diciembre.- Varios partidos políticos de oposición y otras entidades sociales se han unificado este este domingo para proclamar el “Movimiento Tricolor por la Soberanía Nacional”, que busca agrupar a dominicanos,  “preocupados por la peligrosa crisis de Haití y sus impactos en la República Dominicana” y la necesidad de  defender los derechos de  la nación.

Este Movimiento esta constituido por el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano (PQDC), Partido Demócrata Institucional (PDI), Fuerza Nacional Progresista (FNP) y el movimiento Polo Soberano, y Pro Nación, entre otras, y cuyo lanzamiento fue realizado en el club Mauricio Báez de Santo Domingo.

Durante el acto, fue presentado un manifiesto  conteniendo los principales puntos  del problema y las disposiciones en las acciones del “Movimiento Tricolor por la Soberanía Nacional”, en cuya lectura participaron los Presidentes de cada organizacion politica. Por el PQDC el Dr. Elías Wessin Chávez, del PRSC, ing. Federico Augusto Antún Batlle (Quique), del PDI Ismael Reyesy  de la FNP el Dr. Pelegrín Castillo.

Por considerarlo de mucha importancia para los lectores, transcribimos el texto del Manifiesto presentado por el naciente Movimiento, el cual consta de 5 partes y 11 puntos claves y Proclama:

MANIFIESTO TRICOLOR

PRIMERA PARTE: DR. MANUEL CORADIN (PRONACIÓN)
MOVIMIENTO TRICOLOR POR LA SOBERANÍA NACIONAL

FUNDAMENTOS PARA SU CONSTITUCIÓN

1. SOBERANÍA, AUTODETERMINACIÓN, IDENTIDAD NACIONAL E INTEGRIDAD TERRITORIAL.

La soberanía, la identidad nacional y la integridad territorial de la República Dominicana se encuentran gravemente amenazadas por la profunda crisis haitiana. Se persigue resolver esa crisis fusionando ambos países, sacrificando a la República Dominicana. Es la mal llamada solución dominicana a la crisis de Haití, para que sea la República Dominicana quien asuma el protectorado o dominicanización de no menos de 1.5 millones de haitianos ilegales que han ocupado nuestro país, más los demás que permanecen en territorio haitiano con la expectativa de cruzar la frontera. También se pretende que asuma roles de hegemonía y tutela sobre los procesos haitianos.

El pueblo dominicano conforma una nación soberana, y lo seguirá siendo. Tiene la capacidad y el derecho de organizarse por las diferentes vías democráticas a su disposición, según decidan sus mayorías, y así lo hará.

Poseemos una identidad nacional, que sintetiza nuestras visiones, actitudes, comportamientos e idiosincrasia, de acuerdo con nuestros orígenes culturales, religiosos, ideológicos e históricos. Y continuará así.

La seguridad territorial, la preservación de nuestros límites geográficos                    —comenzando en nuestra frontera terrestre—, nuestra cultura como pueblo, nuestros valores forjados al calor de muchos sacrificios en las luchas contra imperios —como el español, el inglés, el francés, el haitiano y el norteamericano— serán defendidos por este pueblo a toda costa.

Esta tierra, bañada con tanta sangre generosa, en impensables desiguales batallas impuestas por los opresores, fue, es y será tierra de promisión. Desde tiempos inmemoriales, han llegado a nuestra “viña” gentes de muchas partes del mundo: españoles, franceses y holandeses, ya no con actitudes imperiales; italianos, colombianos, venezolanos, cubanos, portorriqueños, habitantes de las islas del caribe oriental, mal llamadas por el imperio español, islas inútiles; árabes —sirios, libaneses y palestinos—; chinos, japoneses, judíos y haitianos. Estos últimos, por razones obvias, iban y venían.

Al abrigo de la generosidad del pueblo dominicano, se cobijaron todos esos ciudadanos, la mayoría sin patrimonios y, hoy, muchos de sus descendientes son prominentes e influyentes familias dominicanas.

Esa impronta como nación está en grave peligro. Hoy nuestra frontera terrestre está abierta; y ese hecho provoca una masiva incursión de cientos de miles de haitianos, que, fracasados en su país, están trastornando gravemente el desenvolvimiento del nuestro. Por tanto, se impone distinguir: una cosa es inmigración y otra muy distinta es éxodo masivo y ocupación.

En este punto hay dos asuntos sobre los que es conveniente reflexionar:

¿Cómo es posible que siendo Haití un imperio en el Siglo XIX, que incluso nos sometió por 22 largos años, en la actualidad esté muy detrás de la República Dominicana?

¿Es nuestro país responsable de su desgracia o lo han sido sus gobernantes autóctonos, o los imperios que los han ocupado o la llamada vigilancia internacional, en la que se incluyen con más fuerza por recientes, la intervención norteamericana de 1915 al 1935 y la de la ONU, que, después de tres lustros, apenas sale en estos días?

Estas interrogantes necesitan respuestas.

Peor aún, se percibe un elemento abyecto en la oligarquía militar-política- económica de Haití, usando su población depauperada en tres ejes paralelos contra la República Dominicana:

Primero: Crear una “cabeza de playa” en territorio dominicano con fines de reclamos territoriales o nacionales ulteriores;

Segundo: Sacarle presión a su hirviente “olla” social; y

Tercero: Garantizar la entrada de moneda dura o divisa a las arcas haitianas.

Los dominicanos no queremos ni necesitamos fusionarnos con ningún país. Tampoco queremos interferir en los asuntos internos del vecino Haití. Solo la soberanía permite a un país tomar sus propias decisiones. Sin soberanía el Estado pierde su capacidad de gobernar institucionalmente, porque gobierna a medias; y un Gobierno a medias es un desgobierno.

Hoy, las autoridades nacionales gobiernan a medias, pues están sometidas profundamente a los designios de los poderosos nacionales y extranjeros, con el evidente interés de mantenerse en el poder a través de préstamos internacionales para cubrir el deficitario Presupuesto Nacional, que sostiene un Estado caro, gigantesco e improductivo.

2. DESCALABRO DE HAITÍ

Actualmente Haití es un Estado fallido, es una población sin orden ni organización, digna de mejor suerte; sin una economía significativa, sin instituciones, sin organizaciones civiles o ciudadanas; que sobrevive a la deriva, sin conocer ni evaluar sus propios talentos y habilidades. Exporta sus delincuentes a su vecino insular.

La economía haitiana no genera empleos para sus propios trabajadores, pero las élites que desgobiernan Haití entienden que tienen derechos sobre los empleos que se generan en la República Dominicana.

El desgobierno imperante en Haití ha destruido sus bosques; y entiende que, por razones humanitarias, a los haitianos les asiste el derecho de destruir los bosques de nuestro país. Son muchos los haitianos que creen tener el derecho de arrastrar a la República Dominicana a su misma condición de Estado fallido.

Después de haber sido la principal colonia francesa y, posiblemente la más rica colonia del mundo, ha pasado a ser un Estado fallido, sin que resalte su culpa, ni la responsabilidad histórica de su destrucción, ni se proponga la explotación de sus riquezas, ni formule planes de recuperación: buena parte del liderato haitiano ha preferido culpar a los dominicanos de todas sus miserias históricas, dedicándose a explotar un victimismo vergonzoso, del que han obtenido enorme provecho.

 

SEGUNDA PARTE: LIC. ISMAEL REYES (PRESIDENTE DEL PDI)
3. EL FRACASO DE LA INTERVENCIÓN MULTINACIONAL

La intervención multinacional en Haití ha resultado un rotundo fracaso. Y al cabo del tiempo, Haití sigue sin una economía significativa, sin registro civil, sin hospitales, sin escuelas. Debido a la ausencia de logros, se pretende adoptar como solución a la crisis de Haití, que sea la República Dominicana que asuma la fórmula imposible: la fusión de las dos naciones de la isla.

Se argumenta cínicamente que los dominicanos serían capaces de elevar a los haitianos a un nivel de ingreso cercano al propio con solo decretar la unificación de los mercados y permitir la libre circulación de las personas. Pero lo que resultaría sería un proceso de desestabilización: Haití no se levantará del lamentable estado de postración en que se encuentra; y, en cambio, el desbordamiento de haitianos va a destruir progresivamente los cimientos endebles de un desarrollo dominicano débil, inestable, inseguro. La proyección de esa crisis insular hacia la región del Caribe sería catastrófica.

4. LA FUSIÓN DE LA ISLA

¿Cómo los poderosos locales e internacionales impulsan el proyecto de fusión? Por varias vías. La primera es crear en la República Dominicana una quinta columna que siembre confusión y divida a los dominicanos: agrupar a los que profesan posiciones equivocadas, interesadas o venales que en definitiva van en contra de la nación, bajo un pretendido credo liberal, globalizante, y de un multiculturalismo visceral, muchas veces manejadas por intereses mezquinos alejados de cualquier ingenuidad supuesta.

Las ONG prohaitianas en territorio dominicano tienen como misión servir de punta de lanza ideológica en el proyecto de fusión, promoviendo:

a) La falsedad de que los dominicanos somos racistas, con el propósito de extorsionar moralmente al país y ulteriormente exigir sanciones por este motivo. Curiosamente, la población dominicana es quizás la más mezclada del mundo: sobre el 70% de los dominicanos somos mulatos. Ha demostrado que es una nación abierta, un verdadero crisol, de integración y amalgama de todas las corrientes e influencias, muy lejos del exclusivismo racial que tanto mal ha provocado en Haití.

b) La convicción de que los dominicanos somos anti haitianos, lo cual es, de igual manera, rotundamente falso. Ningún pueblo del mundo ha sido más solidario con el drama de Haití que el dominicano. Baste recordar las profundas muestras de solidaridad que mostrara en ocasión del terremoto del 2010.

c) La idea de que los dominicanos no tenemos derecho a establecer soberanamente los criterios sobre nuestra nacionalidad. La sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional dictaminó —y esta es su esencia— que la nacionalidad dominicana no se adquiere por el solo hecho de nacer en el territorio nacional, ya que desde 1929 prima un jus soli restringido.

d) La complicidad para mantener abierta la frontera. La frontera dominico-haitiana está desapareciendo en forma acelerada; los ilegales andan a sus anchas; las haitianas viajan en masa a parir en los hospitales dominicanos; los ilegales e hijos de ilegales —ilegales también— inundan los servicios públicos y sociales.

Todo ello en una coyuntura en que hemos sido invadidos por modelos culturales que promueven la vigencia de los antivalores contra instituciones fundamentales como la familia —atacada en vez de ser rescatada—; contra la vida de los más indefensos —en vez de ser los más protegidos—; y ello se enarbola como muestra de civilización, mientras los valores y las instituciones cristianas son promovidos como signo de atraso. Pero eso refleja un movimiento de disolución social muy doloroso, que está sobrepasando los evidentes progresos que hemos tenido en diversas áreas como país, hasta llegar al extremo, muy peligroso, de que muchos sectores de la sociedad están pensando en emigrar al exterior o en recurrir a medios extremos como respuesta a esta debacle nacional.

El Estado dominicano no quiere, no se atreve, ni tiene la fuerza para practicar una política migratoria racional. El Gobierno dominicano —y una buena parte de las clases dirigentes— está capturado por los gobiernos e instituciones que promueven la fusión de la Isla, que nunca se han planteado seriamente una solución haitiana al problema de Haití, cómo procede dentro de un esquema de corresponsabilidad con las potencias económicas que, por diversas razones, son las que más pueden y deben ir en su auxilio.

 

TERCERA PARTE: ING. FEDERICO ANTUN (PRESIDENTE DEL PRSC)
5. ABLANDAMIENTO PARA LA FUSIÓN

República Dominicana ha sido sometida a un proceso de ablandamiento de voluntades para la fusión. Ha sido posible por varios factores:

a) La captura de sus poderes públicos y de otras instancias de dirección entre las redes de la corrupción y la impunidad. Si no acceden a la política de frontera abierta, se le puede presionar y perseguir por distintas vías, con distintos expedientes: sanciones comerciales, corrupción administrativa, narcotráfico, lavado de activos, violación de derechos humanos.

b) La desmovilización de la clase trabajadora, por largos años sin liderazgo, atrapada en sus precariedades, intentando sobrevivir adaptándose a las nuevas fórmulas políticas de adhesión y subsidio, defendiendo todavía sus sueños de participación y progreso para no perecer moralmente.

c) La presión inmisericorde de la comunidad internacional confabulada a favor de la fusión. Organismos multilaterales como la UNICEF, la OIM y el ACNUR han penetrado muchas instituciones del Estado dominicano, violando todos los preceptos constitucionales y el derecho internacional, hasta sus propias actas constitutivas, todo con la finalidad de anular la aplicación de las leyes de extranjería en el país en lo que atañe a los ilegales haitianos.

d) Débiles sentimientos patrios frente a los intereses económicos. En general, la clase económica más poderosa no ve Patria: solo le interesa y solo ve un ilusorio mercado unificado de 20 millones de consumidores. Solo busca un mercado sin trabas ni impedimentos, sin burocracia ni políticas económicas diferenciadas. Solo busca dinero porque solo le interesa el dinero. Está articulada con intereses extranjeros y, entre ellos, muchos son abiertamente fusionistas.

e) La desmoralización de clase media. Si bien la élite económica no es patriótica o nacionalista, sí lo es, en cambio, la clase media en su conjunto. Aquí es donde yacen las grandes reservas del sentimiento patrio. Muchos sectores de clase media dominicana manejan la información histórica, gracias a que su educación y formación les dan las luces para interpretar los acontecimientos, para distinguir los intereses antinacionales detrás del discurso pretendidamente solidario y humanista.

f) El absurdo de los fusionistas. Como no pueden cambiar la historia, los fusionistas quieren cambiar la historiografía. Llegan al absurdo de hablar de un Haití precolombino. Quieren localizar el nacimiento del sentimiento nacional haitiano cronológicamente anterior al dominicano, en lo que no tienen reparos para romper el eje inflexible del tiempo. Afortunadamente cada día crece entre los dominicanos la comprensión de la trama de intereses a los que nos enfrentamos. Estamos en una coyuntura histórica trascendental, porque en estos años se decide el futuro de la Patria.

6. UNA ISLA SOBREPOBLADA

Se estima la población de la República Dominicana en 10.25 millones de habitantes para el año 2016. Por su parte, la población de Haití para igual año se calcula en 10.85 millones.

Un total muy elevado —21.10 millones— para un territorio tan pequeño —76,420 kilómetros cuadrados—. Como Haití ocupa aproximadamente el 36% del territorio, su densidad poblacional es mucho más elevada (391 habitantes por kilómetro cuadrado) que la correspondiente a la República Dominicana (218).

Pero hay más: la tasa de natalidad haitiana es más elevada (2.44%) que la dominicana (2.05%), a lo que se añade que en la República Dominicana reside aproximadamente un millón y medio de haitianos ilegales.

Ahora interviene la diferencia más marcada y desestabilizadora: en 2016, el Producto Interno Bruto (PIB) por habitante fue en la República Dominicana de US$6,722.2, mientras el de Haití fue de apenas US$739.6, nueve veces inferior.

La economía haitiana corresponde a la de un Estado fallido, es decir, es una economía de mera sobrevivencia, y con áreas encanalladas por el crimen organizado. Sin recursos naturales, sin estructura productiva, sin mercados funcionales, sin fuerza laboral entrenada. Haití es el país más pobre del hemisferio occidental.

Por su parte, la República Dominicana es también un país pobre, aunque no a los niveles de Haití. Quienes pretenden hacerle cargar el costo de la miseria haitiana a los dominicanos parecen olvidar nuestra dura realidad, que arrastra gran cantidad de problemas económicos estructurales desde décadas atrás y que se bate cada día en el reto de la sobrevivencia. El fardo enorme de la miseria haitiana deben cargarlo los ricos del mundo, asumiendo una actitud solidaria, justa y respetuosa para ese pueblo, víctima de quienes lo han mancillado a lo largo de su historia.

 

CUARTA PARTE: DR. ELIAS WESSIN CHÁVEZ (PRESIDENTE PQDC)
7. MERCADO LABORAL

Donde más se ha sentido la presencia de ilegales haitianos es en el mercado de trabajo. Por el momento, ocupan los estratos de menor remuneración por cuanto se trata de mano de obra sin calificación. Peones agrícolas, obreros de la construcción, vigilancia, son desempeños para los que se necesita muy poca instrucción, y son asumidos por ilegales por una cuestión de precio. Es innegable que muchos empresarios se benefician personalmente de la contratación de ilegales haitianos; pero este beneficio particular tiene otra cara, el perjuicio que provoca en el nivel de vida colectivo.

El trabajador dominicano, actuando racionalmente en términos económicos, no está dispuesto a aceptar un salario inferior al mínimo legal. El haitiano ilegal sí. El empresario se beneficia de pagar un salario inferior al mínimo legal, pero perjudica a la sociedad de distintas maneras. El salario mínimo está exento de impuesto sobre la renta, con mayor razón los salarios inferiores. Y, además, los artículos de primera necesidad están exentos de impuestos de transferencia.

En otras palabras, los haitianos ilegales no pagan impuestos. Sin embargo, utilizan los hospitales y las escuelas dominicanas, financiados en su construcción y operación por los contribuyentes dominicanos. No pagan impuestos, pero utilizan el sistema de seguridad social dominicano. Hacen suyas las calles, las carreteras, los parques dominicanos, los recursos naturales, sin aportar un peso para ello. Una de las claves para entender por qué el salario real de los dominicanos más pobres está anclado en los niveles de los años 90, es esa sobreoferta de mano de obra extranjera en situación de ilegalidad, que tiende a reforzar el equilibrio de la pobreza.

8. COSTUMBRES

Pero no solo aportan muy poco o nada, y son subsidiados con los servicios del Estado, sino que empeoran la realidad social de nuestros ciudadanos y familias     —ya de por sí con graves problemas—, porque son familias sin nombres reales, sin identidad, sin cultura familiar, con hábitos de higiene y costumbres atrasadas, con la cultura del machete y la violencia tribal para dirimir sus conflictos, con un sector importante e influyente que arrastra el odio histórico de la derrota sistemática a su intención de dominio del territorio, tal como lo estableció su Constitución original y cantan sus himnos y transmiten de generación en generación.

9. SERVICIOS PÚBLICOS Y MEDIO AMBIENTE

Algunas personas piensan, erradamente, que todos los haitianos ilegales que se encuentran en el país trabajan. Es decir, que realizan una labor económica retribuida. Y esto no es cierto. Y no puede serlo por una razón elemental: la economía dominicana no genera las plazas de trabajo no calificado, como para absorber ese enorme contingente. Emplea, si acaso, a la mitad. Los demás son desempleados o indigentes. Para empezar, ocupan un espacio. Como no tienen el dinero para pagar un alojamiento adecuado, se hacinan en guetos, ocupan los espacios públicos y las propiedades abandonadas.

Ya han empezado a realizar ocupaciones ilegales de propiedades privadas. Usan calles, avenidas, carreteras, parques, puentes, transporte, en los cuales nunca han contribuido con un solo centavo. Pero lo que resulta más alarmante es que ya se han constituido en un peso enorme para las escuelas y los hospitales dominicanos. Se habla de que los ilegales haitianos consumen un 30% del presupuesto en salud, y un porcentaje creciente en educación.

La República Dominicana tiene sus propios pobres que atender. No puede, no tiene la capacidad de hacerse cargo de los pobres e indigentes haitianos. Entonces, resultado de la presión internacional, se ha llegado al colmo de sacrificar a los dominicanos en los servicios públicos para darles lugar a los haitianos. Y todo esto ocurre, entre otros motivos, por el temor de las autoridades políticas de que las fuerzas exteriores que azuzan la haitianización de la República Dominicana impulsen en el país, o fuera de él, expedientes acusatorios por corrupción, o sanciones económicas por supuestas violaciones a los derechos humanos.

Y así queda la intención al desnudo: los dominicanos no tienen derechos humanos en su propio suelo, y peor aún son desacreditados con el estereotipo de vagos que no quieren trabajar. Pero no menos preocupante resulta el impacto brutal que sobre los recursos naturales y el medio ambiente tiene la sostenida demanda de leña y carbón para las cocinas de Haití, pues los fogones haitianos se encienden con el carbón dominicano, trasladándonos sus prácticas agrícolas depredatorias.

10. SEGURIDAD

La República Dominicana tiene los problemas de seguridad típicos del subdesarrollo, resultado de una combinación nefasta de dos fenómenos: la pobreza y la desigualdad económica, por un lado; y la falta de institucionalidad y de un sistema de justicia real y efectivo, por otro. Hay un fenómeno criminal que podemos llamar crimen grave, que es la corrupción administrativa y el estado de impunidad con que es estimulada. Sin embargo, la haitianización de la República Dominicana es un crimen mucho más grande aun, un crimen de lesa patria. El daño y el costo que nos representa son incalculables, incluso en términos monetarios.

Los haitianos ilegales constituyen una población de muy bajo nivel de instrucción y, por tanto, de muy bajo nivel de ingreso. Son prácticamente indigentes. Y ya ha surgido lo que podemos denominar la delincuencia haitiana: delincuentes haitianos que llegaron al país cruzando una frontera porosa, para hacer aquí lo único que saben hacer, junto a otros que se formaron aquí. No son pocas las bandas binacionales que vienen constituyéndose. Ahora tenemos el fenómeno de numerosos homicidios cometidos por haitianos.

Homicidios crueles, sanguinarios, sádicos: con amputaciones, decapitaciones a machete, por la diferencia más baladí. Los haitianos dirimen sus diferencias con el filo del machete. Esa es su fiscalía. Pero ya asumen actitudes cada vez más desafiantes frente a unas autoridades civiles y militares vacilantes y frente a la ciudadanía en general prácticamente indefensa.

 

QUINTA PARTE: LIC. PELEGRIN CASTILLO (PRESIDENTE FNP)
11. POSICIÓN DE LAS MAYORÍAS NACIONALES ANTE LA DESTRUCCIÓN DE LA NACIÓN DOMINICANA

La alarmante situación antes descrita demanda que todos los dominicanos y dominicanas, con sentimientos patrióticos y deseos fervientes de preservar la paz y la estabilidad en la isla de Santo Domingo y la región del Caribe, inspirados en la búsqueda de la justicia, la verdad y el respeto mutuo, realicemos un esfuerzo de unidad nacional sin precedentes, dejando de lado diferencias de cualquier índole.

URGIDOS POR:

a. La desintegración moral que se propicia con la traición a la soberanía nacional, por la herida de muerte que se inflige al alma histórica de la Patria, a la conciencia de la Nación, contribuyendo a la desmoralización y el desorden social, a la violencia, a la confrontación, a la ruptura de los sueños y las utopías que alimentan los pueblos a través de sus luchas históricas.

b. El desplazamiento brutal de la mano de obra dominicana, y su desvalorización, en perjuicio de la clase trabajadora y de los pobres en general, y la crisis en la infraestructura sanitaria y en otros servicios.

DECLARAMOS, CON ENERGÍA Y DETERMINACIÓN:

1. No buscamos la confrontación con el pueblo haitiano, víctima de la oligarquía haitiana y de su clase política incompetente y corrompida, así como del poder imperial y los países y organismos internacionales que lo han abandonado y medrado en un falso apoyo, que se reduce más bien a lanzarlos sobre nosotros. Más aun, somos solidarios con el pueblo haitiano, somos parte de su lucha por su establecimiento como nación que pudiera ser viable si explotara sus riquezas y recibiera el apoyo merecido; pero jamás aceptaremos sacrificar a nuestra Nación por los problemas ajenos, de los que no tenemos ninguna culpa.

2. Los dominicanos no tenemos obligación ni deber alguno para con los haitianos, que no sean los de la buena vecindad y la solidaridad con todos los pueblos, ejercitada con rectitud de intención y de forma ordenada y racional. Haití solo puede ser responsabilidad de los haitianos y subsidiariamente, de la comunidad internacional, sobre todo de aquellos que han mancillado su suelo.

3. Luchamos por la Paz, la Justicia y la Verdad; queremos orden, vigencia de la ley, respeto mutuo; y enfrentaremos CUALQUIER RETO que pretendan imponernos en contra de nuestra Patria y la vida de la República.

4. Rechazamos toda pretensión de revocar, mediatizar o burlar, con maniobras encubiertas, ilícitas y antijurídicas, la sentencia del Tribunal Constitucional 168-13 sobre los alcances del principio de la nacionalidad, en especial, las exigencias contenidas en el plan nacional de regularización concluido en fecha 17 de julio del 2016.

5. Reclamamos respeto a las reglas del Código de Trabajo que establece que el tope máximo de extranjeros en actividades laborales no puede sobrepasar el 20% de los contratados. Condenamos todo intento de modificar dichos porcentajes legales en perjuicio de los trabajadores dominicanos como fue anunciado en forma insólita, el 23 de agosto pasado, por el Ministro de Trabajo.

6. Rechazamos que, por razones humanitarias, se entreguen las escuelas, los hospitales, los servicios públicos y los programas sociales a otras poblaciones, en perjuicio del pueblo dominicano, hechos que se convierten en un poderoso imán, que ejerce un trastornador “efecto llamada” de la migración ilegal desde Haití hacia el territorio dominicano.

7. Exigimos a las autoridades del Gobierno que establezcan cuotas restrictivas y condiciones racionales para el otorgamiento de visados por parte de los consulados dominicanos en Haití.

8. Demandamos al Gobierno que ejecute una política de seguridad y desarrollo fronterizo, con base en el mandato constitucional, que elimine drásticamente los tráficos ilícitos y revierta con urgencia las peligrosas tendencias que vienen liquidando uno de los esfuerzos nacionales más valiosos de toda la historia: la creación de asentamientos humanos estables y prósperos que preserven la cultura y la identidad dominicanas.

Asimismo, pedimos integrar como unidad ese espacio estratégico alrededor de las vías de comunicación en el eje Norte-Sur. Requerimos, por tanto, la reconstrucción de la Carretera Internacional y de todas las vías de comunicación del lado dominicano desde Monte Cristi hasta Pedernales, como manera de facilitar la operatividad de las entidades de defensa estratégica que deben velar por nuestra integridad fronteriza y favorecer la integración y el avance de sus comunidades, con una frontera infranqueable para el narcotráfico, el trasiego de armas, el contrabando de mercancías, el dinero sucio y personas ilegales.

9. Reclamamos la deportación sostenida y progresiva de todo extranjero que se encuentre en situación de ilegalidad en el país, sin distinción de tiempo de permanencia o nacionalidad, respetando su dignidad y su integridad de persona humana. Exigimos, también, una política de erradicación del tráfico ilícito de personas, así como combatir el contrabando de drogas, mercancías, armas y leña y carbón.

10. Demandamos reforzar los valores de la dominicanidad en toda la línea fronteriza. Incentivar las emisiones radiofónicas locales y combatir las ilegales interferencias que vienen desde Haití. Mejorar sustancialmente los asentamientos existentes y construir nuevos proyectos habitacionales con una visión integral, que atraigan a familias dominicanas a establecerse o retornar a esa región, que por demás posee condiciones muy favorables para generar mucha prosperidad para toda su gente y la nación en su conjunto.

11. Y, lo más importante, demandamos resolver, de manera prioritaria, lo concerniente a la presencia de más de millón y medio de personas haitianas ilegales en suelo dominicano y llevar la situación a todos los escenarios internacionales,

¡PORQUE ESTA SITUACIÓN ES INSOSTENIBLE Y NO PUEDE CONTINUAR!

12. ADHESIÓN Y ACCIÓN

Invitamos, pues, a todos los dominicanos y dominicanas de buena voluntad, así como a sus organizaciones representativas identificados con nuestra Patria, en nombre de la Santísima Trinidad, con el espíritu de Duarte y Los Trinitarios y la impronta de los grandes forjadores de nuestra soberanía, sin distinción de filiación política, confesión religiosa, ocupación, condición social, sexo o edad, a ejercer sus derechos y deberes y, en pleno ejercicio de sus prerrogativas ciudadanas, unirse al MOVIMIENTO TRICOLOR POR LA SOBERANÍA NACIONAL, apoyando los Fundamentos, Posición, Urgencia y Declaración contenidos en este Documento Constitutivo, y todas las acciones que se llevarán a cabo para lograr la Restauración de la Soberanía Nacional y la vigencia de la Constitución y las Leyes dominicanas.

Les pedimos que promuevan entre todos sus familiares, amigos, compañeros, allegados y relacionados los Fundamentos de la presente Declaración, y que estén pendientes de apoyar las acciones que desarrollaremos.

Por cuanto nos llama el alma de la Patria, invocando la Santísima Trinidad, firmamos:

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Completado el contenido del Manifiesto, copia en nuestra sala de redacción.